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La exposición

14 de julio, 2017 – 22 de octubre, 2017

De lo que nunca pude escapar fue de Alemania y de ser alemán

Georg Baselitz

En 1965/66, Georg Baselitz realizó aproximadamente 60 pinturas y 130 dibujos que han pasado a la historia del arte bajo la denominación conjunta de Pinturas de Los Héroes o Los tipos nuevos. Estas obras de figuras imponentes pero notablemente distorsionadas poseen una extraordinaria tensión entre violencia y melancolía, entre grandeza y agitación. Sus protagonistas, vestidos con uniformes ajados, se muestran heridos y vulnerables. Se trata de personajes solitarios, enmarcados en paisajes que parecen asolados, y rodeados de objetos que figuran de manera recurrente, entre ellos los utensilios propios del pintor y ciertos instrumentos de tortura. En estas representaciones, Baselitz exploró su posición como individuo en la sociedad y su evolución como pintor, vinculando así su experiencia personal con sus vivencias artísticas y literarias.

Con estos Héroes o Tipos desolados y melancólicos, realizados cuando contaba 27 años, Baselitz desafiaba de manera consciente cualquier encasillamiento artístico o político, negando su adscripción a los sistemas sociales, políticos o artísticos existentes. Durante la Guerra Fría, rechazó ser vinculado con cualquier estilo que tuviera connotaciones dogmáticas o ideológicas, como la abstracción “internacional” o el realismo “socialista”. Con una actitud fundamentalmente escéptica, puso de relieve los aspectos ambivalentes de su propia época y de un pasado que aún debía procesarse. El artista representaba una realidad supuesta siguiendo una actitud que nacía de su necesidad interior y resultaba incómoda en el contexto de éxito del milagro económico alemán.

En las Pinturas Remix más recientes, Baselitz vuelve a las obras que encarnan los aspectos más provocadores de su propia historia, como La noche se jodió o Los grandes amigos, y realiza nuevas versiones o interpretaciones de ellas con la perspectiva que da el paso del tiempo. Ampliadas y pintadas con soltura y rapidez sobre el lienzo blanco con franjas de tonos brillantes y transparentes, y líneas explosivas y serpenteantes, las Pinturas Remix son transformaciones radicales, a medio camino entre la caricatura y lo fantasmal, de sus predecesoras, más graves y apagadas. La espontaneidad con la que están ejecutadas sugiere la presencia de destellos del pasado, del presente y del futuro. Si bien es patente el impulso del artista por mejorar aquellas obras, esclarecerlas y actualizarlas, la cualidad fugaz y fantasmagórica de las pinturas de Remix también revela las reflexiones de un artista en su madurez sobre el tiempo, la presencia, el fracaso y la posibilidad.

Incluso en nuestros días, persiste la percepción de que Georg Baselitz ha encontrado un lenguaje formal eterno que refleja su lucha por expresar su actitud y autoafirmarse en un tiempo marcado por la inestabilidad.

Exposición organizada por el Städel Museum, Frankfurt am Main, en colaboración con el Museo Guggenheim Bilbao

Rebelde, 1965

Como artista y como hombre, Georg Baselitz era plenamente consciente de cómo era la vida en el tenso contexto de la Guerra Fría. En 1965, con 27 años, trataba de encontrar un lugar propio entre lo abstracto y lo figurativo. Recordando aquella época, el autor alemán afirmó:

Sin duda era un artista enfadado; eso era: un joven airado, descontento con todo lo que ocurría, con absolutamente todo. Sentía un intenso deseo de paz y armonía porque, claro, también tenía una mujer y dos hijos. Esta necesidad de armonía se veía constantemente frustrada, tanto por mí como por los demás, por lo que intenté crear un mundo interior. Un mundo del que pudiera decir: “Este es el verdadero mundo del arte”. Y hay que tener en cuenta que en aquella época los artistas iban mucho más por libre, estaban mucho más aislados que ahora y recibían mucha menos atención pública (puesto que no existía absolutamente ningún mercado artístico, no había subastas y muy pocas exposiciones; bueno, era un momento realmente difícil para los artistas), entonces puede entenderse mejor cómo ocurrió todo.

Pero, en realidad, mi idea siempre fue la de hacer algo a contracorriente —y ahora no soy capaz de formular mejor esa actitud a la contra—; yo estaba en contra de todo, por principio. Normalmente esa es una actitud preadolescente o adolescente, ya no propia de un artista de 25 años; para eso hay que tener 15 o como mucho 18. Pero, en mi caso, tengo que admitir que este estado adolescente se prolongó durante mucho, mucho tiempo. Y, sin embargo, no hay duda de que estas pinturas conservan el elemento sorpresa, incluso para mí y durante mucho tiempo, muchas décadas. Por eso las encuentro tan interesantes y creo que, desde luego, deben ser expuestas. No como un acontecimiento histórico, sino biográfico; porque he evolucionado, y ahora hago cosas muy distintas. Y seguro que muchísima gente que me conoce no me relacionaría nunca con este tipo de cuadros, porque para ellos soy el artista de las obras “boca abajo”, o el pintor de pájaros... o qué sé yo. Así que, todavía hoy, sigue habiendo preguntas sin responder sobre muchos, muchos aspectos de estas pinturas.

El pintor bloqueado (Versperrter Maler), 1965

La mayoría de las figuras de esta serie llevan uniforme. Una persona vestida de uniforme puede estar renunciando a su propia individualidad, pero al mismo tiempo está expresando que pertenece a una organización o a una asociación, y mostrando públicamente su posición social. Pero aquí no: en esta serie, estos indicios pronto se desvanecen ante unos uniformes ajados y raídos; su visible deterioro contribuye a subvertir el ideal de igualdad y de pertenencia a una comunidad protectora que sugieren. Sin embargo, los uniformes de Baselitz no son inventados: se basan en modelos reales. El artista se ha pronunciado sobre este tema en estos términos:

Después se puso de moda —tal vez de manera obsesiva— llevar ropa militar, no solo en Alemania, sino también en Francia; porque comprábamos los uniformes en Alemania... no, perdón, en Francia. Era el “look militar”, y en el mercadillo de París —de verdad— había muchísimos uniformes de segunda mano. Y todas las mujeres —también la mía— y los hombres íbamos allí, comprábamos esas cosas y nos las poníamos. Así que, si querías estar a la última en Berlín, ibas de militar, sobre todo del ejército norteamericano, de la guerra de Corea o de Vietnam. Pero yo no sabía eso en el momento de pintar estas obras. Dicen que los artistas siempre tienen algo de visionarios; yo presentí que iba a suceder algo así. En realidad, interpretando literalmente los libros que acabo de citar, naturalmente eran del Ejército Blanco ruso, el Ejército Rojo soviético, el llamado “ejército verde”, los partisanos que vivían en los bosques, etc. Y si no utilizaban brazaletes militares —como mínimo—, llevaban algún tipo de uniforme… No eran uniformes de fantasía como el de Gabriele D’Annunzio, sino ropas fabricadas cientos, miles de veces, en función del tamaño de las tropas. Y el color de los uniformes es lo que se llama gris polvo o gris rata, o una especie de ocreterroso; los cuadros se mueven siempre en esta gama. Lo que llama la atención en todas las figuras que pintaba es que no parece, digamos, no tienen aspecto de estar llevando un uniforme de verdad. No: los uniformes están hechos jirones, con la tela rasgada, los pantalones rotos y muchas veces cayéndose, etcétera; representan un palpable estado de desdicha.

Y esa desdicha se aprecia en todo el cuadro. Todos los elementos hablan de destrucción: los árboles están destrozados, las casas están destrozadas, los campos están destrozados, los objetos están destrozados. En realidad, nada puede utilizarse completamente.

Bonjour Monsieur Courbet, 1965

Aunque pudiera parecer ajeno al resto de personajes, Baselitz incluye con frecuencia entre sus héroes al pintor. En esta ocasión, alude a ese tema a través del título, donde menciona al pintor del Realismo francés del siglo XIX Gustave Courbet.

Así, estas obras permiten a Baselitz reflexionar sobre su situación personal, sobre su papel y su aportación a la pintura. El artista ha declarado: 

Si hubiera nacido siendo otra persona, en algún otro lugar, ciertamente habría sido capaz de producir imágenes más felices.


Pero su conciencia como pintor no solamente influía en los temas, sino también en su manera de desarrollarlos. Baselitz ha afirmado:

Soy un artista alemán. Lo que hago se enraíza en la tradición alemana. Es feo y expresivo.


La vinculación de sus héroes con el Expresionismo es evidente. Los personajes no responden a proporciones armoniosas idealizadas; existe por parte del artista la intención de provocar respuestas emocionales. Y esas mismas emociones se sugieren también a través de la pincelada enérgica, cargada de materia, que posee su propio ímpetu.

Las Pinturas fracturadas

Georg Baselitz pintó las primeras Pinturas fracturadas en 1966, como continuación del tema de Los Héroes. En ellas, el artista divide el lienzo en dos o tres secciones horizontales y pinta fragmentos del cuerpo separados unos de otros. Si bien están interrelacionadas, las secciones no se unen para formar una figura cohesionada. Baselitz ha comentado al respecto:

He intentado adaptar u ordenar algo que creé de manera inconsciente, apasionada y puramente emocional. Es algo que continúo tratando de hacer. Pienso que las personas más ordenadas son las que se encargan de la contabilidad. Suman, trazando una línea, escriben los números, los sitúan en la parte superior y plasman el resultado en la parte inferior. Creo que ser ordenado es maravilloso. Yo he tratado de trasladar ese carácter a mis pinturas. Ahora bien, es posible trabajar en un gran lienzo, si es lo que se desea, y comenzar por la parte superior o por la base, si es lo que se desea. Normalmente, se comienza desde arriba, luego te detienes y comienzas nuevamente. La sección superior permanece en la memoria, y uno no sabe exactamente dónde se ha detenido, pero sí dónde hay que comenzar nuevamente. De modo que se ha pospuesto. Y todo ello, de manera intencional.


Remix

Remix comprende una serie de pinturas que Georg Baselitz comenzó en 2005 y en las cuales volvió sobre algunas de sus obras anteriores. La exposición traza una línea de continuidad ideal entre el pasado y el presente, incluyendo una selección de pinturas del ciclo Remix de 2007 y 2008, que suponen una reinterpretación de Los Héroes o Los tipos nuevos de 1965 y 1966.

En Remix, Baselitz vuelve a las obras que encarnan los aspectos más provocadores de su propia historia, como La noche se jodió o Los grandes amigos, y realiza nuevas versiones o interpretaciones de ellas con la perspectiva que da el paso del tiempo. Ampliadas y pintadas con soltura y rapidez sobre el lienzo blanco con franjas de tonos brillantes y transparentes, y líneas explosivas y serpenteantes, las Pinturas Remix son transformaciones radicales, a medio camino entre la caricatura y lo fantasmal, de sus predecesoras, más graves y apagadas. La espontaneidad con la que están ejecutadas sugiere la presencia de destellos del pasado, del presente y del futuro. Si bien es patente el impulso del artista por mejorar aquellas obras, esclarecerlas y actualizarlas, la cualidad fugaz y fantasmagórica de las pinturas de Remix también revela las reflexiones de un artista en su madurez sobre el tiempo, la presencia, el fracaso y la posibilidad. Baselitz ha declarado: 

“Me gusta la palabra ‘remix’ porque procede de la cultura de la juventud”.


A pesar de los paralelismos, existen diferencias entre este ciclo de pinturas y la serie anterior. La más evidente es la gama cromática. En lugar de los tonos terrosos que dominan la serie de Los Héroes, estas obras presentan colores fríos y vibrantes. Además, el artista juega de manera más acentuada con el blanco del lienzo para sugerir la negación del espacio, para situar a los personajes fuera de la narración. Y frente a la solidez de sus primeros héroes, estos se resuelven con pinceladas más ágiles y enérgicas, que dan una mayor sensación de dinamismo. Baselitz explicó de este modo lo que trataba de hacer con Remix:

Si remezclas música popular, cambias el ritmo o el sonido… Lo que hago es completamente diferente. He pensado mucho cómo llamar a lo que hago. Me gusta la palabra “remix” porque procede de la cultura joven.

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